3 Respuestas
Añadiendo aquí una perspectiva de control de calidad: las materias primas de mala calidad pueden, sin duda, provocar molestias gastrointestinales.
Si el fabricante utiliza ácidos químicos baratos y agresivos durante el proceso de extracción, en lugar de una hidrólisis enzimática limpia, pueden quedar residuos químicos o altos niveles de sodio o sulfitos en el polvo. Nuestro tracto gastrointestinal es muy sensible a estas impurezas. Por eso debes exigir a tu proveedor a granel un certificado de análisis (COA) completo, para asegurarte de que la materia prima esté altamente purificada y libre de metales pesados y coadyuvantes de procesamiento agresivos.
Según mi experiencia en la formulación de productos para grandes marcas, en el 90% de los casos en los que los consumidores se quejan de diarrea, el culpable no es el colágeno, sino los excipientes.
Muchas marcas quieren elaborar colágenos en polvo con sabor “keto” o “sin azúcar”, por lo que los llenan de alcoholes de azúcar como el eritritol, el xilitol o el maltitol. Estos edulcorantes artificiales son conocidos por provocar graves molestias gastrointestinales y efectos laxantes. Si quieres un producto con una composición limpia y que no irrite el estómago, opta por péptidos puros sin sabor o utiliza edulcorantes naturales como la estevia o la fruta del monje.
Sí, puede ocurrir, pero suele depender de la dosis. Dado que los verdaderos péptidos de colágeno hidrolizado tienen una biodisponibilidad extremadamente alta, se absorben muy rápidamente en el intestino delgado. Si un consumidor toma una dosis muy elevada (como 30-40 g) con el estómago vacío, puede atraer un exceso de agua al tracto digestivo, provocando un efecto osmótico que da lugar a heces blandas o diarrea. Aconsejar a los consumidores que se ciñan a una dosis diaria estándar de 10-15 g suele resolver este problema de inmediato.
