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Para entender cómo se elabora, hay que fijarse en su origen. Desde el punto de vista del abastecimiento, los péptidos de colágeno dependen por completo de subproductos animales. Las principales fuentes son las de origen bovino (ganado vacuno), porcino (cerdos), marino (pescado) y aviar (pollo).
Para los compradores B2B, la forma en que se fabrica importa menos que de qué está hecho. Por ejemplo, el colágeno bovino suele proceder de la industria del cuero serrado, mientras que el colágeno marino se obtiene de las pieles de pescado de las plantas de procesamiento. Si exportas este producto, tus compradores querrán saber el origen exacto, si cuenta con certificación de alimentación con pasto o si tiene la certificación halal o kosher desde el propio matadero.
A grandes rasgos, se trata de un proceso de tres pasos: extracción, hidrólisis y secado. Partimos de materias primas ricas en colágeno (como pieles bovinas o piel de pescado). En primer lugar, aplicamos un tratamiento térmico suave para extraer el colágeno bruto, lo que básicamente nos da gelatina.
La magia se produce durante la hidrólisis enzimática. La gelatina tiene enormes cadenas moleculares, lo que hace que se gelifique al enfriarse. Introducimos enzimas específicas de grado alimentario para cortar con precisión esas largas cadenas proteicas en fragmentos minúsculos, normalmente de menos de 5.000 daltones. Por último, el líquido se filtra, se purifica y se seca por atomización hasta obtener el polvo fluido y soluble en agua fría que se encuentra en el mercado. Es bioquímica pura a gran escala.
