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A grandes rasgos, se trata de un proceso de tres pasos: extracción, hidrólisis y secado. Partimos de materias primas ricas en colágeno (como pieles bovinas o piel de pescado). En primer lugar, aplicamos un tratamiento térmico suave para extraer el colágeno bruto, lo que básicamente nos da gelatina.
La magia se produce durante la hidrólisis enzimática. La gelatina tiene enormes cadenas moleculares, lo que hace que se gelifique al enfriarse. Introducimos enzimas específicas de grado alimentario para cortar con precisión esas largas cadenas proteicas en fragmentos minúsculos, normalmente de menos de 5.000 daltones. Por último, el líquido se filtra, se purifica y se seca por atomización hasta obtener el polvo fluido y soluble en agua fría que se encuentra en el mercado. Es bioquímica pura a gran escala.
