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Lucas tiene toda la razón, y esa falta de cohesión es la mayor diferencia para nosotros en el laboratorio.
Si intentas mezclar colágeno normal o gelatina en una bebida fría, obtienes una mezcla gelatinosa y llena de grumos. Los péptidos de colágeno, sin embargo, son totalmente solubles en agua. Se disuelven al instante en agua fría, café caliente o zumos ácidos, y no dejan absolutamente ninguna textura. Si estás elaborando una bebida lista para tomar (RTD) o un polvo para mezclar, los péptidos son la única opción que deberías tener en cuenta.
1. Empiezas con colágeno natural (pieles en bruto, huesos, escamas).
2. Se aplica calor y agua (hidrólisis parcial) para obtener gelatina. La gelatina es ideal para hacer ositos de goma o cápsulas, ya que al enfriarse forma un gel espeso.
3. Se aplican enzimas específicas (hidrólisis completa) a esa gelatina y, finalmente, se obtienen péptidos de colágeno. Los péptidos nunca se gelifican, por mucho que se enfríe el líquido.
La diferencia fundamental radica en el tamaño y la estructura.
El colágeno nativo normal es una molécula enorme y resistente, de triple hélice, con un peso molecular de unos 300 000 daltones. Debido a su enorme tamaño, el organismo no puede absorberlo de forma eficaz.
Los péptidos de colágeno (también conocidos como colágeno hidrolizado) se han descompuesto mediante un proceso denominado hidrólisis enzimática. Este proceso divide la enorme triple hélice en pequeñas cadenas cortas de aminoácidos con un peso de entre 2.000 y 5.000 daltones. Debido a este peso molecular extremadamente bajo, los péptidos tienen una biodisponibilidad casi perfecta y pueden pasar fácilmente al torrente sanguíneo.
